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Fernando Botero. [Carta], Mayo 27 de 1951.

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Descripción del lote

Fernando Botero
Colombia, 1932 - Mónaco, 2023
 
[Carta], Mayo 27 de 1951
Tinta y grafito sobre papel (5)
27.5 x 21 cm c/u

La carta que Fernando Botero dirige a Efraín Ossa el 27 de mayo de 1951 constituye un testimonio excepcional de su etapa juvenil, en la que ya se perfilan con claridad tanto sus inquietudes estéticas como su concepción del arte. Escrita desde Bogotá, la misiva combina el tono afectuoso propio de la amistad con una reflexión intensa sobre la creación artística, el compromiso del artista y el rumbo que deseaba imprimir a su obra. No es un detalle menor que el propio Ossa había sido uno de sus primeros estimadores, al adquirir la acuarela La Plegaria (1949) por el precio simbólico de dos cajas de cigarrillos Pielroja, gesto que Botero recuerda implícitamente al agradecerle haber sido el primero en comprar una obra suya “porque la sintió”.
 
Desde el inicio, Botero sitúa su práctica dentro de una dimensión casi ética y espiritual: el arte aparece como una tarea ineludible, una forma de justificar la existencia mediante el trabajo constante y la aspiración a una “gran obra”. En el plano estético, la carta revela un momento de ruptura decisivo. Botero expresa su rechazo a lo que denomina un “París falso”, asociado a una pintura fría e impostada, y afirma en contraste una atracción profunda por el trópico, entendido como fuente de energía, color, sensualidad y potencia expresiva. En este contexto, su búsqueda se orienta hacia una síntesis entre modernidad y arraigo americano, donde un riguroso enfoque constructivo convive con una imaginería sensual y simbólica.
 
El artista describe además varias obras recientes que considera fundamentales en su evolución, como Fruta verde, Flautista, Frutas rojas y Cristo de la edad moderna. En ellas se advierte un interés creciente por la solidez de las masas, la intensidad cromática y el dramatismo formal, así como por la construcción de figuras de presencia casi escultórica. Acompañan la carta dos dibujos que denotan una figuración modernista, cercana a la de Pablo Picasso en Les Demoiselles d’Avignon, especialmente en la simplificación de las formas y en el recurso a rostros-máscaras con resonancias de la escultura africana. Botero valora estas obras como un punto de inflexión respecto a su producción anterior, a la que relativiza frente a lo que considera ya un “presagio poderoso” de su futuro artístico.
 
La carta también deja ver su postura frente al mundo del arte, en particular hacia los coleccionistas: distingue entre aquellos que adquieren obras por una auténtica sensibilidad y quienes lo hacen por razones sociales o de moda. Finalmente, menciona la inminente realización de su primera exposición en la Galería Leo Matiz, tras diversas dificultades, lo que marca un momento clave en la consolidación de su carrera.
 
En conjunto, este documento permite comprender a un Botero joven pero ya consciente de su vocación, que articula una visión exigente del arte y comienza a definir los elementos que darán forma a su lenguaje plástico en los años posteriores.

Colección privada, Bogotá.

COP $15.000.000 - $30.000.000

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